En el número 27 de la calle Fleurs de París se encontraba uno de los epicentros de la vanguardia de los primeros decenios del S. XX. Era la casa y estudio de Gertrude Stein y su mujer Alice B. Toklas, donde una escribía y la otra pintaba y además, organizaban largas tertulias con los artistas y los intelectuales de la época. Poco a poco fueron haciéndose de una importante colección de obras de arte impulsando a nuevos artistas como Pablo Picasso, Juan Gris, Henri Matisse… Gertrude tenía una gran sensibilidad pictórica y sobre todo, la necesidad de acoger los nuevos lenguajes y las rupturas que se estaban creando en las artes plásticas a través de su escritura. Para ella “un escritor debía escribir con sus ojos de la misma manera en que un pintor debía pintar con sus oídos”. Sus obsesiones eran la psicología y el proceso de la experiencia de la escritura desconfiando de la narración para explicar la complejidad de la conducta humana. Ella misma compa...
Voces, mitos, lunas y uno que otro sol.