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La navegación de Isis

Los hermanos inventan mil cosas con los hermanos: les esconden entre las cortinas, les deshacen las trenzas y entre escondite y escondite, trenza y destrenza, terminan tejiéndoles otros destinos.... Lo que hizo Seth con Osiris fue mucho más que una diablura: un día empezó, como si nada, a tomar las medidas de Osiris: de la cabeza a los pies, de un hombro a otro, de la cintura, de las caderas y con esos centímetros le tendió una trampa. Organizaron una fiesta con muchos invitados y antes de empezar a comer Seth propuso un juego. Mostró un cofre magnífico, decorado por él mismo, el juego se trataba de ver quién cabía perfectamente en él. ¿Y quién había de ser? Su hermano, el que estaba destinado a ser el Dios de la fertlidad y el Dios de la muerte. Osiris entró al cofre sin ni siquiera imaginar que terminaría encerrado allí y que su hermano lo lanzaría al río Nilo y que allí empezaría su viaje en los dominios de la muerte. Navega que navega, el cofre desemboca en la boca del río Tanaitic...

Los nombres del sol en Egipto

El sol en Egipto viene cada mañana de una vagina, la de Nut, la diosa de la noche. Viene para ser sol pero también tres dioses. El sol, muy temprano, es Hathor, la partera y la diosa de la fertilidad, la Señora del Oeste. Harthor lo recibe entre los cuernos de vaca que tiene en la cabeza. Ahí lo llevará por las primeras horas de la mañana, rodeado por una cobra. El sol, más tarde, es Khepri, el dios con cuerpo de hombre y cabeza de escarabajo. Khepri lo empujará como a una bola de excremento durante el mediodía. El sol, al atardecer, ya es un anciano, curvado y cansado; con su bastón se ayudará a salir de la barca solar porque muy pronto tendrá que tomar la barca lunar. El sol, al anochecer, es Autun, un dios con cuerpo de hombre y cabeza de carnero. Autún entrará por la boca al cuerpo de Nout, la diosa de la noche, para comenzar su viaje nocturno por la Vía láctea, el reflejo del río Nilo en el cielo. El sol navegará entre varios dominios nocturnos: el de los dioses y el de Osiris, p...

Nut

La noche en Egipto: una diosa arco hambrienta y parturienta. Unas entrañas como ríos hembras para las navegaciones nocturnas del sol y la luna.

Alma peso pluma

El alma sigue existiendo, no obstante el Siglo XXI. Lo dicen las básculas electrónicas en la exactitud de un número: veintiuno. No es un soplido ni un aliento ni un qué-sé-yo. Es eso que se desvanece en los cuerpos al morir y que hace que los cuerpos pesen misteriosamente 21 gramos menos después del instante de la muerte. No se aloja en el pecho ni en la mirada sino en los recovecos del cerebro, entre los neurotransmisores que circulan por las neuronas. Los egipcios también sabían que el alma tenía un peso: el de una pluma. Ellos creían que la parte más importante del alma residía en el corazón, por eso era el único órgano que dejaban en los cuerpos de los muertos momificados. Cuando Osiris los reconocía en el más allá tomaba el alma de su corazón para pesarlo en su báscula. Si pesaba más que la pluma que servía de contrapeso, los obligaba a reencarnar de nuevo en la tierra en alguien más. Si pesaba lo mismo o menos que la pluma, podían continuar su viaje, hasta encontrar en la tercera...