Se ponen a remojar los garbanzos durante una noche entera en una olla grande para que se preñen. Si hay un niño de cinco-años-apenas-cumplidos rondando por ahí, se le da la olla para que juegue con el agua y los granos… Si es un apasionado de mares y barcos, los garbanzos se transformarán en escollos y arrecifes, y el agua en el mar Negro de las aventuras de los dedos-barcos-piratas. Al día siguiente, cuando todo esté en calma, se cuela la poquita agua que haya quedado fuera de los garbanzos y se ponen a cocer durante una hora y pico junto a una cebolla para aromatizar y una papa entera para que suelte el almidón. Una vez cocidos, se toma una porción y se muele para formar una cremita. Se sofríe el resto en aceite de oliva, rajas de cebolla y tomates en cubitos. Por último, se agrega la cremita de garbanzo negro. Al final, y ya con todos sentados en la mesa, se sirve la sopa en platos hondos y se decoran con triángulos de tortillas de harina horneadas simulando las ...