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Y el niño, con sus cinco añitos, pregunta a la mamá del calor de la cama de las seis de la mañana: ¿Quién inventó la palabra humanidad?

¿Y si el amor se tratara nomás de dejar salir la luna?

Nociones infinitesimales...

De un tiempo acá el niño-de-cinco-años-cumplidos pregunta y pregunta si es de veras verdad que su-hermana-de-casi-ocho años nació primero que él, que si ella fue la primera en lanzarse a este mundo... Y la respuesta es siempre sí, cada vez más tajante. Tal vez la última vez que lo pregunte será la de ayer, cuando descubrió que entonces él pasó más tiempo en-la-nube-de-antes que su hermana, qué él tuvo más de el-infinito-para-acá que ella.

Mascarón de proa

Una niña-de-siete años a punto de llorar porque descubre a su muñeca, la de la casita, en el barco pirata de su hermano. La mamá la corta diciendo: - Fui yo, fui yo, es que ayer para jugar bien, bien, bien con tu hermano me hacía falta una mujer entre tantos piratas barbudos y apestosos. - Hhhhmmmmm bueno, pero que nunca sea ni la prisionera ni la sierva. Y el niño-de-cinco-años: - ¡Qué va! Yo la quería de polena (mascarón de proa) pero ella quería estar en el timón o arriba, en la punta del palo mayor. Y mírala, ahí sigue.

SOPA DE GARBANZOS NEGROS A LA MARINERA

Se ponen a remojar los garbanzos durante una noche entera en una olla grande para que se preñen. Si hay un niño de cinco-años-apenas-cumplidos rondando por ahí, se le da la olla para que juegue con el agua y los granos… Si es un apasionado de mares y barcos, los garbanzos se transformarán en escollos y arrecifes, y el agua en el mar Negro de las aventuras de los dedos-barcos-piratas. Al día siguiente, cuando todo esté en calma, se cuela la poquita agua que haya quedado fuera de los garbanzos y se ponen a cocer durante una hora y pico junto a una cebolla para aromatizar y una papa entera para que suelte el almidón. Una vez cocidos, se toma una porción y se muele para formar una cremita. Se sofríe el resto en aceite de oliva, rajas de cebolla y tomates en cubitos. Por último, se agrega la cremita de garbanzo negro. Al final, y ya con todos sentados en la mesa, se sirve la sopa en platos hondos y se decoran con triángulos de tortillas de harina   horneadas simulando las ...

La última luna de Juan Gelman

La última luna de Juan fue la de este enero,   una luna que empezó creciente, flotando como la punta de una uña  en un agujero sin fondo. Anoche estalló y hoy se enharina toda del sol que se despide del cuarto Gelman. E scribe porque la vida lo escribe y cree que escribe sobre lo que ella no sabe: el otoño maestro de la espera, el dolor de haber sentido dolor, el pájaro que vuela en la hora presente para convertirla en pasado. Las imágenes componen el mundo y el sol que dora la ciudad parece harina caliente haciendo pan en mi cuarto. Ser uno es no tener nada. Cae el ocaso sobre la palabra que flota en lo visible como una luna. De: Juan Gelman , del libro  Valer la pena